Atlanta

Fic de Zarlina. Traducido por MizukyChan

Atlanta”

¡Odio no poder estar allá!

Bill estaba caminando de un lugar a otro, en la sala de su mejor amiga, sonando como si todo el mundo se fuera a acabar por sus planes, ahora cancelados.

No es justo —hizo un puchero—. Es su cumpleaños, deberíamos estar juntos.

Lo sé —Natalie suspiró desde donde estaba sentada en el sofá, más interesada en sus uñas, que en escuchar a Bill repitiendo las mismas palabras una y otra vez, probablemente por décima vez en el día—. Pero eso es parte de ser un adulto, ¿sabes? Algunas veces tu jefe decide mandarte lejos, a una conferencia aburrida al otro lado del país, y algunas veces no les importa si resulta que es tu cumpleaños.

Esto es peor que la vez en que mis padres me castigaron cuando Tom cumplió diecisiete —Bill gruñó y se dejó caer en el brazo del sofá—. Por lo menos, aquella vez me pude escapar cuando ellos se fueron a la cama y de todos modos lo vi. ¿Qué puedo hacer ahora? ¿Reservar un vuelo a Atlanta y tocar a la puerta de su habitación?

Se enderezó cuando dijo las palabras. ¿Por qué no había pensado en eso antes? Por supuesto que podía volar hasta allá. Tom no era el único que era un adulto, él también lo era, y era perfectamente capaz de encontrar un vuelo hasta donde Tom estaba atrapado en su cumpleaños.

Oh, no —Natalie levantó la vista para mirarlo—. Ni siquiera lo pienses. Tenemos una presentación súper importante mañana y si no estás ahí, James me pateará el trasero a mí.

¡Le mandaré un mensaje! —Bill casi chilló—. Le mandaré un mensaje y le diré que tengo algo realmente importante que hacer y le pediré si lo podemos postergar un par de días.

No me hagas esto —se quejó Natalie—. Él me va a matar.

No he tenido un día libre en ocho meses —dijo Bill, ya estaba escribiendo el mensaje de texto—. Ni un solo día de licencia médica, nada de vacaciones extra, ni siquiera una cita con el doctor, o quince minutos más para el almuerzo. Le diré que si no me da mañana libre, puede hacer la jodida presentación él solo.

Sip, va a matarme —Natalie suspiró—. Ya sabes que él terminará jodiéndome a mí por todo esto. Él siempre viene a mí cuando haces alguna locura. Aunque casi siempre termina siendo algo absolutamente brillante, siempre tiene que joder primero.

¿Qué quieres decir con casi siempre? —Resopló Bill—. Todas mis ideas son sorprendentes. Sin mí tendrían que cerrar todo el negocio.

Que modesto —respondió Natalie, rodando los ojos—. ¿Qué dijo? —Preguntó cuando el teléfono de Bill dejó escapar un molesto sonido, anunciando que había obtenido una respuesta.

Tengo mañana y el viernes libre —Bill sonrió—. Y luego viene el fin de semana. Lo que significa que podemos quedarnos en Atlanta por cuatro días. Si Tom lo desea.

¿Cuatro días en Atlanta? Sí, suena estupendo —murmuró Natalie—. ¿Qué es lo que puedes hacer allí? Quiero decir… es Atlanta.

No lo sé y no me importa —respondió Bill y saltó del sillón—. Bien, yo empacaré y tú me reservas un vuelo. ¿Okey?

Como quieras, bitch —dijo Natalie, rodando los ojos otra vez—. Pero si te voy a reservar boletos para que tú y Tom puedan pasar todo el fin de semana haciéndolo en un hotel de Atlanta, quiero que él me fije una cita con uno de sus lindos compañeros de trabajo.

¿En serio? —Preguntó Bill sorprendido—. ¿No dices siempre que los chicos del trabajo de Tom son demasiado aburridos porque todos creen que son demasiado listos con sus números y palabras complicadas, como para que un humano normal los pueda entender?

Lo son —Natalie se alzó de hombros—, pero ese castaño que se sentó junto a mí, cuando salimos la última vez, es bastate atractivo —ella alzó la vista, sonriendo—. Y me elogió dos veces, así que creo que le daré una oportunidad. No tengo idea de cuál es su nombre, pero tiene ojos verdes y no es tan aburrido como los otros.

Castaño, ojos verdes, no aburrido —Bill asintió—. Lo tengo.

Bien —Natalie sonrió con dulzura—. Ahora, ve a empacar condones o lo que sea en tu maleta. Te voy a reservar un vuelo, para que veas a tu hombre.

No usamos condones —Bill soltó una risita, esquivando un cojín, que de pronto llegó volando hacia su cabeza—. Okey, cuando Natalie se pone violenta, es momento de irse. Nos vemos.

Nos vemos, idiota.

&

Tom estaba exhausto. El día había sido demasiado largo, con un vuelo muy temprano en la mañana, seguido de una reunión larga y complicada que había tomado toda la tarde, y aun así no estaban completamente satisfechos con los diferentes acuerdos que habían sugerido y discutido una y otra vez. La otra compañía no quería conformarse con nada y Tom y sus compañeros de trabajo, habían empezado a cansarse de tratar de complacerlos, sin tener que perder demasiado.

La compañía en cuestión podía ser importante para su futuro negocio, pero en esos momentos, Tom tenía ganas de decirles que tomaran su acuerdo de mierda y se lo metieran por el… por alguna parte. Afortunadamente, alguien sugirió que dieran el día por concluido y que continuaran la mañana siguiente y Tom fue uno de los primeros en levantarse y salir del lugar.

Jodidos idiotas.

Así no es como había planeado celebrar su cumpleaños. Ya sabía que se vería obligado a trabajar, pero que lo mandaran tan lejos, a arreglar estos asuntos con la firma menos cooperativa con la que habían tratado, no había estado dentro de sus planes. Y estaba cabreado porque, en lugar de estar en casa con su esposo, estaba atrapado en un hotel en una ciudad que le importaba una mierda.

Suspiró y se recostó en la cama, cerrando los ojos. Había planeado llamar a Bill, tomar una larga ducha y luego, leer un poco, pero por alguna razón el teléfono de Bill estaba apagado y él estaba demasiado cansado, como para siquiera pensar en preparar lo necesario para ducharse y no había forma en el mundo, en que pudiera mantener los ojos abiertos lo suficiente para leer aunque fuera una página de lo que fuera, así que supuso que simplemente debería irse a acostar. Después de todo, le esperaba un largo día, porque el pensar en como esa gente con la que se había reunido, le había dado un dolor de cabeza después de sólo media hora de conocerlas, le hizo suponer que el día siguiente no sería mucho mejor.

En momentos como ese, realmente odiaba su trabajo.

Así que en lugar de bañarse y leer, se quitó el traje, que por algún motivo nunca le hacía sentir cómodo, sin importar cuántas veces lo usara, y se puso unos pantalones de chándal muy cómodos. La habitación estaba bastante cálida, así que no necesitaría una playera, caminó hacia el baño y achinando los ojos, se lavó los dientes, sin preocuparse si le faltaba una parte o dos y luego se fue a acostar.

No es que se le fueran a caer los dientes, porque una noche no los lavara apropiadamente.

Acababa de meterse bajo las mantas y se había puesto cómodo, cuando escuchó que llamaban a la puerta y, suspirando profundamente, la quedó mirando feamente. No esperaba a nadie. Y no pensaba que Georg o Gustav vinieran a molestarlo, sin que por lo menos le hubieran enviado un mensaje de texto antes. Probablemente debería ignorarlo y esperar a que quien quiera que fuera, se retirara.

Pero si lo pensaba mejor… podría ser importante. Solamente una vez lo habían molestado mientras estaba lejos en una conferencia y en aquella ocasión, fue porque habían realizado una reunión de emergencia, por tanto, simplemente debería levantarse y ver quién era. De todas formas, no es que fuera a dormir tranquilamente, nunca lo hacía, estaba demasiado estresado, porque no quería que fallaran los acuerdos y debía pensar en algo para que, al día siguiente, aceptaran lo que venía a ofrecerles.

Hubo otro golpe en la puerta y, con un gruñido, se levantó de la cama, perdiéndose la rica sensación de las costosas sábanas del hotel. Con el ceño apretado fue hasta la puerta y esperaba decirle a quien quiera que fuera, que no estaba de humor para que lo molestaran. Abrió con un poco más de fuerza de la que había esperado.

Y cuando vio quien estaba de pie afuera, todos los pensamientos de enojo desaparecieron, en cambio, sintió que sus labios se curvaban en una sonrisa.

Bill —murmuró con suavidad, por alguna razón, no estaba sorprendido de que su esposo estuviera allí. De algún modo, se sentía correcto que su esposo hubiera aparecido—. Estás aquí.

Lo estoy —Bill sonrió, instantáneamente, dio un paso más cerca para darle un beso en la mejilla—. Feliz cumpleaños.

Tom lo dejó entrar y cerró la puerta, luego lo envolvió con sus brazos y lo abrazó apretadamente.

Todo volvía a estar bien. Bill estaba ahí. Ya no importaba que viniera un largo día, con reuniones aburridas, porque Bill estaba ahí y sólo eso, hacía que todo valiera la pena.

¿Cuánto tiempo te vas a quedar? —Murmuró Tom en el cuello de Bill, sin tener la voluntad de soltarlo.

Tengo dos días libres —respondió Bill, sostenía firmemente a Tom, mientras éste lo abrazada—. ¿Pensé que tal vez podríamos quedarnos el fin de semana?

Tom asintió, estaba demasiado cansado como para encontrar las palabras para responder. De todas formas, las palabras no eran necesarias. Bill lo conocía mejor de lo que él se conocía a sí mismo. Y si no quería quedarse el fin de semana, Bill lo sabría.

Vamos —dijo Bill, después de un minuto de abrazo silencioso—. Estás cansado, necesitas dormir.

¿No habrá sexo de cumpleaños? —Bromeó Tom, aunque no tenía idea de dónde había sacado energía para hacer algo de humor. Sentía que se podía quedar dormido ahí mismo y no despertar sino hasta dentro de una semana o dos.

Hoy no —respondió Bill con suavidad y lo guió hasta la cama. Cuando Tom estuvo metido bajo las mantas, el más joven se quitó la ropa y se unió a él, dándole un suave beso en los labios, antes de acomodarse muy cerca de él—. Estás cansado —repitió—. Dormiremos y mañana podremos hacer lo que queramos.

Sí —murmuró Tom y ahora, que Bill estaba junto a él, todo el estrés de las reuniones desapareció, como siempre sucedía cuando tenía a su esposo a su lado—. Dormir —suspiró. Demasiado cansado como para decir algo con sentido.

Sí, amor —Bill sonrió—. Dormir.

Tom estaba muy cansado como para escuchar la última palabra y su respiración se calmó y se volvió más profunda. Bill apagó las luces y le dio otro beso a Tom, recostándose junto a él, sonriendo al sentir la cálida piel de Tom en la suya.

Feliz cumpleaños, Tom —susurró, aun cuando Tom no podía escucharlo—. Te amo.

& FIN &

Aaaawww. ¿les gustó? No sé si sólo es idea mía (probablemente sí lo sea) pero este fic me hizo pensar en la pareja de “Promesas Rotas”, pero en el futuro, cuando se acaben los problemas y todo sea felicidad. Obviamente no es igual, pero me gustó sentir eso. Y terminando mis divagaciones, los invito a dejar su amor a Zarlina por permitirme traducir su bello one-shot para ustedes.

Traductora del fandom

1 Comment

  1. Sabes que es amor cuando antepones el descanso de tu pareja al sexo jajaja Qué detalle lo del vuelo, ojalá a todos nos dieran esas sopresas algún día !

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