One-Shot: Cartas de Amor

Fic de Zarlina. Traducido por MizukyChan

Cartas de Amor”

Tom escondió un bostezo tras su mano mientras abría su casillero, la mañana de un lunes de mayo. Estaba extremadamente cansado, había dormido horriblemente mal todo el fin de semana y el hecho de que estuviera empezando la semana con matemáticas, no le ayudaba para nada. Saber que pasaría la siguiente hora tratando de resolver problemas que apenas podía entender, incluso cuando estaba bien despierto, no era motivador, y deseó más que nada poder girar y regresar a su casa, a su cama.

En esa etapa del día, lo único que lo mantenía allí era que pensaba tomar una siesta cuando volviera a casa. Sería muchas horas después, pero la idea varias veces le había ayudado a pasar el día.

Su ánimo subió instantáneamente cuando vio un sobre esperándolo en su casillero y con una amplia sonrisa lo tomó, antes de tomar también sus libros y luego cerrar el casillero. El sobre era de un color rojo oscuro y tenía escrito en el frente, un corto, “Para Tom”, con un pequeño corazón pegado debajo.

Ese era el cuarto que había recibido en un par de semanas y ya estaba emocionado por leerlo. Pero tendría que ser después de matemáticas, porque ya estaba atrasado y no quería leer apurado. Esas cartas lo habían hecho sentir especial desde el día en que recibió la primera y, aunque no tenía idea quién las había escrito, no podía evitar sentirse extremadamente adulado cada vez que encontraba una nueva en su casillero. Y aunque siempre eran cortas, le gustaba tomarse su tiempo para leerlas.

Comenzó a dirigirse hacia su salón, mientras recordaba la primera carta que encontró en su casillero. Había sido muy corta y, al principio, Tom pensó que se trataba de una broma, porque sonaba como si la hubiese escrito un niño. Sus amigos, que eran los únicos que Tom podía imaginar haciendo una broma de ese tipo, no tenían idea y Tom les creyó. Ellos podían ser muchas cosas, pero no eran actores y si decían que no sabían nada de las cartas, decían la verdad.

Después de leerla un par de veces más, Tom pensó que tal vez la persona detrás de todo eso había estado muy nerviosa cuando la había escrito. Tiene sentido —pensó. Si alguien tenía demasiado miedo de decirle que le gustaba, probablemente también estaría muy nervioso de dejarle una carta. Sabía que debía estarlo.

La segunda fue un poco más larga y parecía ser un poco más seria. No es que pensara que la primera no había sido seria, pero parecía que la persona había tomado más confianza desde la primera.

Tal vez lo había visto una de las muchas veces que la había releído ese día. La primera vez se había reído, pero las otras veces sólo había sonreído, no con una sonrisa de ironía, sino más bien, una de sentirse halagado.

Sin importar lo extraña que había sido la primera carta, todavía se sentía muy halagado de que alguien se hubiera tomado la molestia de escribirle una carta. Era dulce, como a la antigua. Ahora la gente sólo mandaba mensajes anónimos por internet si querían decir algo. El hecho de escribirle una carta y darse la molestia de dejarla en su casillero, sin que nadie lo viera, era dulce. Y cuando Tom encontró la segunda, se puso a sonreír incluso antes de abrirla.

Entró a su salón y se fue a su asiento, junto a sus mejores amigos. Georg alzó una ceja intencionalmente cuando vio el sobre rojo y Tom, con una gran sonrisa, la escondió entre las páginas del libro, alejando la tentación de leerla durante las clases.

¿Otra más? —Preguntó Georg con voz divertida—. Wow, debes gustarle mucho a quien sea que está escribiéndote.

Cállate —respondió Tom, pero no pudo evitar dibujar una sonrisa—, pero no puedo esperar para leerla.

Georg resopló, pero no dijo nada más, porque su profesor acababa de entrar y, con un gran suspiro, Tom abrió su cuaderno, preparándose para una hora muy larga.

&

Cuando la clase finalmente terminó, salieron a buscar a Gustav. Tenían un período libre juntos los días lunes y ahora, que estaba más cálido afuera, lo pasaban en una de las muchas bancas, fumando, hablando, o mirando a la gente caminar. No era nada especial, pero era agradable sólo pasar el rato juntos.

Ahí está —dijo Georg y señaló con la cabeza donde estaba sentado el rubio. Tenía un cigarrillo en una mano y el celular en la otra.

¿Preocupado por la última prueba? —Preguntó Tom y se sentó junto al rubio, en la mesa de madera, poniendo sus pies en el asiento de abajo.

¿Hm? No, no en realidad —Gustav se alzó de hombros y levantó la vista de su celular—. ¿Por qué?

Tú siempre fumas más cuando estás nervioso —Tom sonrió de lado—. Y como ni siquiera esperaste a que llegáramos aquí… —se alzó de hombros.

No tuve tiempo para fumar esta mañana —Gustav soltó una risita—. Me acosté demasiado tarde anoche, por culpa de Georg.

Tom rió, mientras que Georg sólo negó con la cabeza, sonriendo ampliamente—. No es mi culpa que ustedes jugaran tan mal y que tuviéramos que repetir un juego.

Gustav rió en voz baja, también negando con la cabeza. Todos habían estado jugando un juego en línea la noche anterior y, después de haber perdido tres juegos seguidos, Georg decidió que era imposible terminar la noche así. Necesitaban ganar por lo menos uno. Afortunadamente, tuvieron mucha suerte en el último juego y el equipo enemigo perdió muy mal, así que fue una victoria fácil. Aun así, les tomó casi una hora y ya era demasiado tarde.

Alégrate de que finalmente ganamos —Tom sonrió y le dio un puñetazo juguetón a Gustav en el hombro—. O todavía estaría en nuestros computadores.

Lo dices como si fuera algo malo —bromeó Georg, sabiendo jodidamente bien que todos ellos preferirían estar jugando que en la escuela.

Gustav terminó su primer cigarrillo y sacó otro, ofreciendo a los demás, uno también. Georg negó con la cabeza y sacó uno de los suyos, siempre era quisquilloso con las marcas. Tom, por otro lado, siempre compartía con Gustav, así que feliz, aceptó uno, agradeciéndole en voz baja. Cuando finalmente dio su primera calada, decidió que era momento de abrir la carta. Había esperado suficiente y no podía negar que estaba curioso.

¿Hey, otra más? —Preguntó Gustav mientras Tom sacaba el sobre rojo de su bolsillo—. La tercera, ¿verdad?

Cuarta —corrigió Tom, sonriendo ampliamente—. Me dieron otra cuando te quedaste en casa, la semana pasada.

¿Y no me contaste? —Gustav negó con la cabeza—. Idiota.

No sabía que te gustaran las cartas de amor, Gus —Georg rió—. ¿Seguro que eres hetero?

Nuestro mejor amigo tiene un admirador secreto en esta escuela de mierda —Gustav bufó—. Tú estás tan curioso como yo.

Cierto —resopló Georg—. Sabes jodidamente bien que todas las chicas de aquí están enamoradas de Tom, descubrir cuál de ellas le ha escrito estas cartas será imposible.

¿Pueden callarse ustedes dos, para que pueda leer esta cosa? —Pidió Tom, mirándolos feo y ambos presionaron los labios en una línea fina, pero sonrieron cuando Tom abrió el sobre.

Era un poco más larga que las que ya había recibido, llena de lo normal, elogios tímidos que Tom se había acostumbrado a leer. La persona repetía que pensaba que Tom era muy dulce y agradable, y le decía lo apuesto que era. Esta vez, la persona había agregado que había escuchado a Tom tocando la guitarra en los pasillos un día, y que su voz, cuando había acompañado la melodía que tocaba, sonaba como los ángeles.

Era corta pero muy dulce y, por primera vez, terminó con un pequeño poema que hizo que la sonrisa de Tom se ampliara. Nunca antes le habían escrito un poema y no pudo evitar sonrojarse ante las dulces palabras.

Aaww, mira eso —Georg soltó una risita y tomó la carta de las manos de Tom para leerla—. ¡Ella te está haciendo sonrojar!

No sabemos si es una chica —murmuró Tom, mordiéndose el labio por milésima vez, preguntándose quién estaría detrás de las cartas—. Podría ser un chico, ¿sabes?

¿Te gustaría que fuera un chico? —Preguntó Gustav. En realidad nunca habían hablado de sus preferencias, no con palabras. Los tres habían salido con chicas. Gustav había intentado salir con un chico una vez, pero decidió que no le gustaba, aunque en realidad nunca habían discutido el tema.

No lo sé —respondió Tom con honestidad—. No creo que eso importe.

Pero quien quiera que sea, debería dar un paso al frente y hablar contigo —dijo Georg y le devolvió la carta a Tom—. Está claro que de verdad le gustas y esta mierda de las cartas es una acción cobarde.

Sabes lo estúpidas que son la mayoría de las chicas de esta escuela —dijo Gustav, quitándole importancia—. Y si es un chico, bueno… Tal vez tiene miedo de ser rechazado.

Pero de verdad me gustaría saber quién las está escribiendo —dijo Tom en voz baja—, sea chico o chica.

Entonces tendremos que averiguarlo —dijo Georg como si fuera lo más fácil del mundo.

¿Cómo?

Te levantas temprano y vigilas tu casillero —Georg soltó una risita—. Quien quiera que las escribe seguramente llega antes que nadie.

Gustav rió ante esas palabras, mientras que Tom arruga el ceño. No había nada que odiara más que levantarse temprano en las mañanas.

Pero Georg tenía razón. Si quería saber quién le escribía esas cartas, probablemente tendría que descubrir a la persona cuando la llevara, y para hacerlo tendría que vigilar el casillero.

Asintió lentamente, decidiendo intentarlo. Con suerte valdría la pena.

&

Tom se apoyó hacia atrás en la banca del corredor en el que estaba sentado, junto a la hilera de casilleros. Había estado sentado allí tres mañanas seguidas y aun así, nada emocionante había pasado. Los únicos que lo habían visto tan temprano en la mañana habían sido el conserje y un profesor que, por alguna razón, había llegado súper temprano y ambos habían mirado a Tom como si estuviera loco por llegar allí casi una hora antes de que empezaran sus clases.

Dejó salir un bostezo, casi lamentando todo el asunto. Estaba cansado y sabía que se sentiría como un zombie todo el día, tal como había pasado los dos días previos y, aunque no le importaba mucho la escuela, prefería no quedarse dormido en clases, lo cual era bastante parecido a lo que había pasado el día anterior.

Él no estaba hecho para levantarse temprano y perder una hora de sueño por alguien que no aparecía, comenzaba a parecerle inútil.

Bostezó otra vez y cuando estuvo apunto de levantarse y caminar un poco para mantenerse despierto, escuchó el sonido de una de las grandes puertas laterales del edificio abriéndose y, aguantando la respiración, se levantó de su asiento, para asomarse cuidadosamente por el corredor y tener una vista apropiada de la larga hilera de casilleros.

La persona se dirigía rápidamente al casillero de Tom y perfectamente habría podido ser una chica, como sus amigos habían pensado, pero Tom sabía que no era así. Lo reconoció fácilmente, aunque no había hablado mucho con él.

Su cabello era largo y negro azabache, y su cuerpo era alto y muy delgado. Tom lo había visto muchas veces y, aunque no podía ver su rostro en esos instantes, sabía que el adolescente tenía pestañas largas y espesas, labios delgados y facciones delicadas.

Tenía una apariencia que podía hacer que la mayoría de los chicos hetero cuestionaran su sexualidad y Tom, más de una vez, había visto que tanto hombres como mujeres, lo miraban largamente, incluido él mismo.

Bill Kaulitz.

Él no era muy popular, pero tampoco era desagradable. A él no le gustaba hablar con muchas personas, pero si le decías algo, él te respondía con una voz cálida y una sonrisa amistosa. Era muy tranquilo y si no fuera por su look diferente, Tom estaba seguro que la gente ni siquiera lo notaría.

Tom sabía que tenían algunas clases juntos, pero la única vez que de verdad había hablado con él fue una vez, un año atrás, cuando Tom no había llevado su lápiz y le pidió al chico de atrás, Bill, si le podía prestar uno, pero esa fue probablemente la primera y última vez que se hablaron el uno al otro.

No es que Tom tuviera algo contra el chico pelinegro, para nada, es sólo que nunca tuvieron una verdadera razón para hablarse. Había querido hablar con él un par de veces, pero el momento nunca parecía adecuado y siempre había tenido la impresión de que a Bill no le gustaba hablar con la gente, a menos que tuviera que hacerlo.

El otro adolescente no pareció notar a Tom mientras se acercaba cada vez más. Él quería que llegara ahí, antes que Bill tuviera oportunidad de escapar y, justo cuando el pelinegro se las arregló para meter la carta en el casillero, Tom se aclaró la garganta, mostrando que estaba ahí.

Bill giró y lo quedó viendo con los ojos muy abiertos, luciendo aterrado y como Tom no decía nada, comenzó a retroceder, como si quisiera escapar.

No —dijo Tom, dando un paso más cerca—. ¡Espera!

Yo… eh… —Bill se mordió el labio y le dio una mirada nerviosa al casillero de Tom y, por un momento, Tom se sintió mal por escabullirse y descubrirlo, cuando claramente el otro quería mantenerse en secreto.

Lo siento —dijo—. Yo sólo quería saber quién escribió esas cartas…

Oh… uhm… —Bill dudó y bajó la mirada al piso—. Sólo la dejé por un amigo. Yo no las escribí.

¿En serio? —Tom no estaba seguro si era verdad, pero tenía que admitir que se sintió decepcionado ante esas palabras—. Es una pena.

Bill levantó la cabeza y miró de vuelta a Tom con ojos sorprendidos.

¿Qué?

Dije que es una pena —Tom se alzó de hombros. Al decir las palabras, se dio cuenta que las decía en serio—. De verdad me gustaría que hubieran sido tuyas.

¿De… de verdad? —tartamudeó el pelinegro, luciendo como si no le creyera.

Sí —respondió Tom con suavidad—. Quiero decir, nosotros en realidad nunca antes hemos conversado, pero… —se alzó de hombros con una pequeña sonrisa en los labios—. Eres lindo y sí… me gustaría conocerte mejor, supongo.

Bill parpadeó, todavía lucía como si no creyera ni una palabra de lo que Tom había dicho.

No lo dices en serio —dijo en voz baja. Y su voz le dijo a Tom que en realidad no creía que estuviera diciendo la verdad—. Tú eres uno de los chicos más populares de aquí. Y yo soy… sólo yo.

Y yo soy sólo yo —dijo Tom con suavidad—. No soy nada especial, Bill —agregó—. Y lo que dije, lo dije en serio, me gustaría que fueran tuyas.

No lo entiendo… —dijo el pelinegro en voz baja—. Pensé que tú… uhm.

¿Que me gustaban las chicas?

Bill alzó los hombros, incómodo, y una vez más, se mordió el labio.

Supongo —dijo Tom en voz baja—. Me refiero a que siempre pensé que me gustaban. Pero cuando le hablé a mis amigos sobre las cartas, unos días atrás, bueno, supuse que en realidad no me importaba de quién eran. Realmente quería conocer a la persona que las había escrito y de verdad es una pena que no seas tú.

Oh… —Bill volvió a bajar la mirada, sus mejillas se pusieron rojas, luego murmuró algo en voz muy baja y Tom no pudo escuchar las palabras.

Lo siento —dijo Tom, sintiéndose un poco confuso—. No escuché la última parte.

Dije que no hay amigo —repitió en un murmullo el pelinegro, mirando el suelo, como si tuviera miedo de mirar al rastudo—. Yo… yo las escribí…

Los labios de Tom se curvaron en una amplia sonrisa. Antes de ver a Bill dejando una de las cartas, jamás habría pensado que pudiera ser él, pero ahora que acababa de verlo, se dio cuenta que no quería que fueran de alguien más.

Entonces… —dijo lentamente Tom, tratando de no lucir como un completo idiota con una sonrisa estúpida—. ¿Te gustaría salir alguna vez?

La cabeza de Bill se enderezó de golpe y miró a Tom, como si no creyera en sus palabras y Tom no pudo evitar soltar una pequeña risita, ante su expresión de sorpresa.

Acabo de decir que quería conocer a la persona detrás de las cartas, ¿verdad? —Dijo suavemente—. ¿No crees que sería la forma perfecta?

¿Me estás pidiendo salir en una cita? —Preguntó Bill, luciendo confundido, como si, aunque Tom le hubiera dicho que quería conocerlo, no le creyera—. Quiero decir… ¿no estás jugando conmigo o algo así?

De verdad lucía un poco preocupado y Tom se sintió mal por él.

Te prometo que no —respondió con suavidad—. Quiero tener una oportunidad de hablar contigo y que no sea en la escuela.

Bill dudó, pero luego asintió con lentitud—. Okey —dijo en voz baja—. ¿Cuándo?

¿El viernes después de la escuela? —Preguntó Tom—. Podemos ir por un café o algo parecido.

Okey —respondió Bill con una sonrisa dudosa y justo entonces, los primeros estudiantes comenzaron a aparecer en la puerta detrás de ellos, así que le dio a Tom otra mirada tímida—. Uhm… nos vemos el viernes, supongo.

Te esperaré junto a tu casillero, después del último período —confirmó Tom con una suave sonrisa—. Nos vemos el viernes, Bill.

Observó a Bill hasta que giró para irse y, con una amplia sonrisa, abrió su casillero, sonriendo al ver el sobre rojo esperándolo allí. Ahora que sabía quien lo había escrito, se sentía mucho más emocionado de tomarlo y sonrió más, al ver su nombre allí.

No podía esperar para leer la carta.

& FIN &

Aaww, que cosa tan tierna. ¿Qué les pareció? Muchas gracias por venir a leer y no olviden dejar su amor a la escritora original, Zarlina.

Traductora del fandom

1 Comment

  1. Que historia mas linda me hubiera encantado saber como continua , como fue esa primera cita 😀

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