One-Shot: Valentines

«Velntines»

10 años.

Un niño pequeño, con el cabello recién tinturado de negro cayendo en su cara, estaba sentado en su escritorio tratando desesperadamente no llorar.

Él sabía que esto podría pasar.

Él y su madre recién se habían mudado al pueblo una semana antes, y este era sólo su tercer día en su nueva escuela.  Aparte de su profesora, nadie más le había dirigido la palabra. Sin embargo, una vez su madre se había enterado del intercambio de San Valentín, había insistido en comprar de inmediato, dos cajas de ridículas tarjetas.  Bill había escogido las tarjetas de Batman ya que era una de las pocas opciones que no eran rosa, y había colocado debidamente en cada uno de los sobres de sus compañeros de clase. Ni siquiera se había molestado en firmar con su nombre, a pesar de la insistencia de su madre en tratar que hiciera amigos.

Y ahí estaba sentado,  como era de esperar, siendo dolorosamente ignorado mientras todos sus compañeros mostraban todos los Valentines que habían recibido.

Todos ellos, excepto uno.

Bill era vagamente consciente de alguien al lado de su escritorio, y lentamente levantó su cabeza. Allí estaba otro chico, con la cabeza inclinada hacia adelante, con tímidos ojos marrones apenas mirando a Bill a través de una cortina de cabello rubio oscuro.

Um. Feliz día de San Valentín.

Las palabras del chico fueron vagamente audibles y, apenas salieron de su boca, salió corriendo de regreso a su propio escritorio. Se dejó caer en su asiento y se negó rotundamente a mirar en dirección de Bill de nuevo. Bill tomó el pequeño sobre azul en su escritorio, sorprendido de ver su propio nombre escrito en una desordenada caligrafía infantil.

Su único Valentine tenía de una foto de Superman en el frente, y en la parte de atrás las palabras “Ten un Súper día de San Valentín”.  Debajo de ellas, con la misma caligrafía desordenada estaba firmado “Tu amigo, Tom.”

13 Años

Besé a Hillary Francis esta mañana en el laboratorio de Ciencia.

La cabeza de Tom se disparó como si hubiera sido electrocutado. Sus ojos estaban aturdidos, el sándwich de mantequilla de maní y mermelada en sus manos ahora olvidado. Bill se sentó junto a él, con la cabeza hacia abajo, los dedos enterrados en su sándwich de atún. Tom se preguntó brevemente sobre el salto mortal en el estómago que había sentido mientras se tragaba la comida de su boca.

¿Cómo fue? — Preguntó tranquilamente.

No lo sé. —dijo Bill encogiendo sus hombros, aun no siendo capaz de encontrarse con los ojos de su mejor amigo—. Fue algo… desastroso, y ella puso mi mano en su pecho, lo que fue extraño.

Tú… —Tom tartamudeó, su estómago ahora haciendo toda clase de gimnasia. — ¿Usaste la lengua?

Ella usó la lengua. —Bill finalmente se encontró con la mirada de sorpresa de su amigo por un segundo. —La mía… sólo estaba ahí.  Ella no estaba feliz por eso tampoco. —Sonrió. — Dijo que había arruinado su día de San Valentine.

Tom soltó un resoplido bajito, pensando que nadie más que Hillary Francis, merecía tener arruinado su día de San Valentín.

Tomi, ¿cómo es besar a un chico?

Es bueno, creo. —Tom tragó, de repente y extrañamente temía a dónde estaba yendo la conversación.  —Al menos no fue un desastre. Y sin pechos raros.

Quizá debería besar un chico —dijo Bill asintiendo decisivamente—. Así puedo comparar.

Tom vio horrorizado como la mirada de su mejor amigo se dirigía a un grupo cercano de chicos jugando lanzando una pelota de futbol.

Tal vez, Scott Parker podría…

¡No! —Dijo Tom sólo un poquito preocupado por el súbito incremento de su frecuencia cardiaca.  —Quiero decir… este… —Miró al chico en cuestión. — ¿Te parece que Scott Parker sea un chico al que le gustaría besar otro chico?

Hmmm… —Bill asintió su cabeza en contemplación. —Tienes razón.

El suspiro de alivio de Tom apenas había salido de su boca antes que Bill se inclinara y juntara sus bocas. Sorprendido, Tom cerró sus ojos lentamente e inclinó ligeramente su cabeza. Una húmeda palma se posó en la mejilla de Bill, y Tom se deslizó con cautela entre los labios entre abiertos del otro. Sus lenguas apenas se habían tocado antes que Bill fuera empujado hacia atrás con un jadeo de sorpresa. Sus mejillas eran de color rojo brillante, y una vez más, fue incapaz de mirar a su amigo a los ojos.

Nosotros acabamos…

Sí. —Tom tragó nervioso con un nudo en la garganta—. ¿Te… um… te gustó?

Con una falta agónica de velocidad, Bill levantó su cabeza. Su labio inferior mordido por sus dientes, y Tom no podía dejar de mirarlo. Bill apenas asintió con la cabeza, y luego recogió los restos de su almuerzo y corrió hacia adentro.

15 años

 —Sólo no tiene ningún sentido, Tomi. —Bill cerró su menú dejándolo en la mesa. — ¿Cómo pueden Andi, Georg y Gustav enfermarse de gripa al mismo tiempo?

Este… no lo sé. —Tom miró la frente arrugada de su amigo antes de volver interesado a la oferta de pastas del restaurante. —Todos… umm… me enviaron un mensaje de texto hace unos minutos. Andi tiene fiebre, —divagó—, y Gustav no puede retener comida, y Georg estaba alucinando en algún momento.

Apretó sus labios demasiado tarde.  Nerviosamente miró a los ojos de su amigo y pudo decir que Bill sabía que estaba mintiendo.  Bill siempre sabía cuándo él estaba mintiendo. Bill sabía todo sobre él.

Excepto una cosa muy importante.

¿Por qué quisiste venir aquí? —Bill preguntó después que el mesero dejó sus órdenes—. Usualmente sólo vamos a una pizzería los viernes en la noche.

Tom trató de encoger sus hombros con indiferencia—. ¿Por qué no puede ser diferentes algunas veces?

Bill se mordió el labio inferior mientras miraba alrededor del restaurante que parecía estar lleno  de nada más que parejas. Le devolvió la sonrisa a una mujer mayor que los miraba con cariño desde una mesa cercana. Miró a Tom, que estaba golpeando nerviosamente el tenedor contra la mesa y no pudo encontrarse con los ojos de su amigo durante más de un segundo o dos a la vez. Bill tomó un sorbo de Coca-Cola y cruzó los brazos sobre la mesa.

Entonces, ¿cómo te fue en el examen de Historia?

Su conversación normal fluyó libremente después de eso, sobre la escuela, sus amigos, y entusiasmados por el próximo examen de conducción. El mesero les dejó la factura en medio de la mesa, y Tom la arrebató de la mano de Bill.

Tomi, ¿esto fue una cita?

No. —Tom miró al suelo. —No lo sé. ¿Tal vez?

Empezaron a caminar, lado a lado. Bill se vio a sí mismo sonriendo, y no estaba del todo seguro del por qué. Él y Tom regularmente cenaban juntos los viernes por la noche, aunque por lo general rodeado de sus amigos en su pizzería favorita. Pero esta noche había sido sólo para ellos dos, comiendo alimentos que requerían cubiertos en un restaurante que de hecho utilizaba manteles, y Bill sintió que su sonrisa crecía.

Creo que fue una cita.

Tom cerró los ojos, y no se dio cuenta que había estado conteniendo el aliento hasta que Bill entrelazó sus dedos entre ellos. 

16 años

Bill miró con asombro el techo de la habitación de Tom, y estaba seguro de que vio estrellas flotar alrededor de los bordes de su visión. Tom pesaba sobre él, y no fue capaz de reponerse cuando la respiración jadeante de Tom hizo que su cuello se sintiera frío y húmedo. La pierna que había estado enroscada alrededor de la cadera de Tom cayó en la cama con un ruido sordo.

Wow — Bill suspiró. —Tomi, acabamos….

Sí. —Tom empujó lentamente apoyándose en las manos, nervioso mirando a los ojos castaños de su novio. — ¿Te… um… gustó?

Bill no respondió. Su más hermosa sonrisa, la única reservada estrictamente para Tom, curvó sus labios.  Tiró suavemente una de las rastas de Tom hasta bajar nuevamente su cabeza, juntando suavemente labios y lenguas.

Te amo. — Susurró.

Te amo. —Tom juntó de nuevo sus labios mientras pasaba su mano por el costado desnudo de Bill. —Feliz Día de San Valentine.

18 Años.

Bill se sentó sin parpadear, entre sus dos mejores amigos.  Mirando horrorizado, de pronto, el lazo suelto de la corbata alrededor de su cuello se sintió incómodamente apretado, mientras veía a Tom, Su Tom, bailando con alguien.  Pero no era cualquiera, era la pequeña puta que había estado coqueteando con Tom desde el primer día de su último año.

Soy un idiota. —Bill parpadeó para eliminar algunas lágrimas—. ¿Cómo pude…?

Te asústate. —Insistió Andi, sobando la espalda de su amigo.

Ustedes han estado juntos por siempre. —Agregó Georg. —Han estado juntos incluso antes de estar juntos.

Sabias palabras, Yoda. —El mejor amigo de Tom, Gustav, respondió desde el otro lado de la mesa. Empujando sus gafas con el dedo índice e inclinándose en la mesa. —Bill, va a estar bien.

¡No está bien, Gustav! —Bill casi gritó—. Una pelea y de pronto él esta con…

Él no está con ella, te lo aseguro —respondió Gustav. —Sólo te está cabreando como tú hiciste con él —dijo esquivando una flor artificial que iba dirigida a su cabeza—. ¿Qué? –Miró feo a Georg—. Bill lo cabreó.

Tengo que recuperarlo. —Bill secó sus húmedas mejillas, jugando con las pequeñas tarjetas que estaban en la mesa frente a él. —Esto funcionará, ¿verdad? —Miró a Tom y su cita de la noche. —Tiene que funcionar. —Tomó una profunda respiración y se apartó de la mesa. —Denme diez minutos, ¿bien?

Sabemos el plan —respondió Georg—. Y… ¿Bill? Arregla tu maquillaje. —Le dijo apretando su muñeca antes que se pudiera ir.

Bill respondió con uno de sus dedos manicurados, y salió de gimnasio. Gustav se puso de pie, trotando brevemente en el  lugar haciendo reír a los chicos sentados con él.

¿Qué? —Estaba complacido cuando su voz sonó ligeramente pesada. —Supuestamente acabo de correr desde aquí al casillero de Tom.  Debería estar sin aliento, ¿verdad?

Dejó a los otros dos chicos, en silencio impresionados por su lógica y empujó dramáticamente a través de las pareja en la pista de baile.

¡Tom! ¡Tom! —Agarró el hombro de su amigo y le dio la vuelta, tomando una respiración profunda por efecto. —¡Perros de drogas! —Jadeó— ¡Tu casillero!

¿Qué? — Gritó Tom. —No hay drogas en mi…

¡Los perros de drogas creen que sí! —Gustav empujó a su trenzado amigo hacia la salida. — ¡Ve!

Tom corrió fuera del gimnasio tan rápido como le fue posible, y Gustav sonrió con presunción a sus amigos, sus pulgares levantados en señal de triunfo.

El trenzado corrió por el pasillo a una velocidad vertiginosa, sólo para encontrar el pasillo alrededor de su casillero vacío cuando volteó la esquina.

¿Qué diablos?

Se detuvo frente a su casillero, mirando el pequeño sobre azul pegado a la puerta. Tiró un poco y sintió su corazón encogerse cuando sacó un Valentine de un Superman, exactamente como el que le había dado al chico Nuevo 8 años antes.  Lo volteó y en la familiar caligrafía de Bill estaba escrito Lo siento. Te amo. ¿Serías mi Valentine?

Una solitaria figura apareció en su periferia y él volteó la cabeza.  Bill estaba ahí parado, nerviosamente mordiendo su labio en la manera que usualmente llevaba a Tom a besarlo hasta dejarlo sin aliento.

¿Quieres serlo? — Preguntó bajito.

Tom apretó su mandíbula, aun con un poco de enojo por la pelea que había sucedido solo una semana antes.

¿Qué pasa, Bill? —Chasqueó—.  ¿No pudiste encontrar a alguien más para salir?

Bill meneó su cabeza mientras tomaba un cauteloso paso hacia Adelante. —No quiero a nadie más, Tom.

Lo hiciste hace una semana.

Me equivoqué. —Bill se detuvo a un pie de distancia del chico que sabía que quería para siempre. —Entré en pánico al terminar la escuela, todo está cambiando, y pensé… que nosotros saliendo con otras personas era buena idea —dijo frunciendo el ceño—, durante un minuto.

Tom se quedó como una piedra, su cara vacía de expresión, así como su corazón se rompió al ver las lágrimas en los ojos de Bill.

Te amo, Tom, —Bill susurró. — Sólo a ti.

Se permitió una pequeña esperanza cuando Tom no apartó su mano, y entrelazó sus dedos juntos.

Siempre ha sido tú.

Se quedaron apenas a un soplo de distancia y Tom dejó que sus ojos se cerraran mientras inhalaba la esencia de cigarrillos y laca de cabello, el aroma que había memorizado tres años antes.  Bill echó la cabeza hacia arriba, y Tom podía sentir su aliento en los labios.

Lo siento —susurró.

Tom apretó los largos dedos que se entrelazaron entre los suyos.

Es sólo tú y yo, Bill.

Siempre. — Bill apenas movió su cabeza, sus labios serpenteando en los labios de Tom.

Te amo.

Amor…

Los brazos de Bill se apretaron alrededor del cuello de Tom, y los brazos de Tom se cerraron alrededor de una cintura estrecha, mientras se deslizaba entre los cálidos labios de Bill que le daban la bienvenida.

19 Años

 —Es un apartamento de una habitación, Bill.  No tendremos una habitación para toda tu mierda.

Mis cosas no son mierda, Tom. —Bill resopló—. ¿Por qué no haces un útil y… —movió su mano hacia la pared más cercana—, sacas los posters de la pared o algo así?

Por supuesto —Tom resopló—, nuestro apartamento estará vacío sin ese poster de la Torre Eiffel adornando las paredes blancas y desnudas.

Bill silenciosamente rodó sus ojos y regresó a sus revistas y Tom empezó a quitar y enrollar los posters.

¿Qué hay de esta cosa? —Tom sacó de la pared el tablón de anuncios de Bill. —¿En serio necesitas una cantidad de… tiquetes de películas viejas, y… una nota que te escribí en el pasillo de estudio el año pasado? —Colocó el gran tablero contra el respaldo de la silla del escritorio de Bill y pasó a través de las diversas imágenes, tarjetas de felicitación y pedazos de papel. —¿Guardaste todo esto?

Bill sonrió con cariño a todos los recuerdos en las manos de su novio—. Sigo haciéndolo.

Con los ojos entrecerrados, curiosamente, Tom escaneaba todos los diversos objetos, deteniéndose en algo azul escondido en una esquina debajo de una foto de los dos en su baile de graduación. Puso la imagen a un lado y sacó un viejo Valentín de Superman de la estructura metálica. Sonrió tan pronto Bill se acercó a él, su mano y la barbilla apoyadas en el hombro de Tom.

¿Aún tienes esto?

Por supuesto. —Bill tomó la pequeña tarjeta azul y de nuevo la puso por debajo del borde del marco. —Se trata de nosotros, Tom.

Tom deslizó un brazo alrededor de la cintura de su novio, sosteniéndolo cerca mientras presionaba un beso en su mejilla.

Te amo, haragán súper sentimental.

Bill entrecerró los ojos mientras picaba un costado de Tom—. ¿Así que tú no guardaste nada de los últimos nueve años?»

Tom no respondió de inmediato, pero el color rosa en sus mejillas lo decía todo.

Quizás tenga algunas cosas.

Eso pensé.

Bill sonrió triunfalmente, sólo para encontrarse a sí mismo arrastrado a un largo y profundo beso. Gimoteó, mirando a la puerta abierta de la habitación cuando los labios de Tom rozaron su cuello, y se rió cuando sintió el aliento de Tom por su oreja.

Feliz Día de San Valentín.

FIN

Awww… Me fascina estas historias así, asi sea en San Valentine, día del Amor y amistad o como le llamen en sus países, porque para expresar el amor tenemos los 465 días al año…

¡FELIZ DÍA DEL AMOR, DE LA AMISTAD, DEL VALENTINE!

Traductora del fandom

1 Comment

  1. El segundo Valentin que lo leoz realmente me gusta.

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